La corrosión es una de las causas de mayores pérdidas económicas en la sociedad industrial.

Las consecuencias de este fenómeno natural son la merma en la durabilidad y operatividad de los componentes afectados por este proceso.

La necesidad de proteger los equipos y los componentes metálicos sensibles que los constituyen, obligan a tomar en cuenta una serie de medidas que reduzcan el proceso y, con ello, las consecuencias del problema.


    PROTECCIÓN CONTRA LA CORROSIÓN

Sin embargo, las medidas habitualmente empleadas en muchas ocasiones presentan limitaciones o dificultades en su aplicación.

El uso de productos especiales, como el caso de los Inhibidores de Corrosión Volátiles, comúnmente conocidos como “VCI”, consiguen subsanar esas dificultades ya que permiten acondicionar un espacio contra el proceso de la corrosión mediante la emisión de una serie de moléculas “inhibidoras” que se fijarán sobre las superficies de los metales a proteger, creando una barrera entre el propio metal y los agentes encargados del proceso oxidativo.

Los VCI permiten, además, proporcionar una protección de los componentes electrónicos frente a los procesos de corrosión; pues la presión de la fase vapor generada (10-3-10-5 mm Hg T=293ºK), aunque “pequeña”, es suficiente para lograr su vaporización y posterior condensación y adsorción sobre la superficie de los metales, formando una capa que permite la protección anticorrosiva.

El film “invisible” formado no ocasiona ninguna interferencia con el funcionamiento de los equipos, así como de sus propiedades electrónicas correspondientes.

Declaración de cumplimiento
con la Directiva RoHS.
Criterios en el diseño de embalajes.
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Guía para un correcto uso de VCI.
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